jueves, 24 de mayo de 2007

Banco del Sur

La influencia económica y política que viene ejerciendo Venezuela en estos últimos años sobre los países de América Latina es cada vez más notoria. Al punto que su incorporación como miembro activo del MERCOSUR está causando bastante revuelo y, a su vez, preocupación, no solo en Estados Unidos, enemigo público número uno, sino también en Argentina y Brasil, teóricamente aliados en este proceso de integración.
La disputa contra Estados Unidos no es más ni menos que económica y comercial, más precisamente, por el petróleo, y no por una cuestión meramente ideológica. Lamentablemente, el mundo gira entorno a los negocios y eso lo tienen más que claro tanto el Presidente Chávez como Bush.
Por otro lado, la reciente inclusión de Venezuela al bloque del MERCOSUR, ya comenzó a generar incomodidades de diversos tipos. La propuesta para la creación del Banco del Sur es una de ellas.
Esta cuestión debe ser analizada, al menos en principio, desde dos puntos de vista: uno económico y otro político.
La creación de una entidad de este tipo puede ser beneficiosa para los países de la región, aunque su implementación y desarrollo presenta muchas complicaciones estructurales, financieras, de coordinación y cooperación política.
Dentro de los objetivos previstos se encuentran el de financiar grandes obras públicas de infraestructura, proveer de liquidez a los países miembros en caso de desequilibrios temporales y colaborar en el ambicioso proyecto de crear una moneda única, distinta del dólar, para el comercio intra-zona.
Desde este punto de vista, el argumento para su formación es muy interesante, reforzado, además, por la realidad de que entidades como el FMI y el Banco Mundial han colaborado, mediante consejos y políticas a favor de sus propios intereses, con el colapso social, político y económico que han registrado la mayoría de los países latinoamericanos. Por otro lado, se encuentra el rol desempeñado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que pese a ser cuestionado por cierta ineficiencia en la asignación de recursos, propia de toda entidad burocrática, debe destacarse que ha intentado, de hecho con algunos buenos resultados, colaborar con la causa de los países en desarrollo.
Ahora bien, si la iniciativa del Presidente venezolano esconde un costado netamente político, es decir, continuar profundizando la pelea con Estados Unidos, serán los países latinoamericanos los únicos perjudicados, ya que existe cierto riesgo de aislamiento comercial y pérdida de credibilidad.
Argentina se encuentra en una etapa de expansión económica y necesita inversiones, tanto internas como externas, para lograr consolidar ese crecimiento y pasar a la próxima fase que es el desarrollo sustentable, que permita, como condición esencial, reforzar las bases y estructuras pensando en el bienestar futuro de la Nación. Es por ello, que la alianza "de turno" con Venezuela es un filo de navaja.
Otra cuestión a tener en cuenta es el aporte de capital inicial con el cual comenzará a funcionar el Banco del Sur.
En este sentido, es indudable que las divisas para constituir el fondo inicial tendrán que salir de las arcas del Banco Central o del Tesoro Nacional, esto es, se descontarán de las reservas acumuladas.
En principio no parecería ser un problema para Argentina ya que el nivel de las mismas es importante. Pero no debe olvidarse que parte de las reservas están comprometidas con el pago de intereses de los bonos a plazo emitidos por el gobierno para sostener el valor del dólar.
Por otro lado, el Banco del Sur tiene una desventaja más. Estará manejado y administrado políticamente, es decir, estará impregnado de todas las deficiencias propias de la burocracia gubernamental. La experiencia del MERCOSUR nos marca claramente esta pauta; a más de quince años de su creación las fluctuaciones en las relaciones políticas y comerciales no han permitido que el bloque se desarrolle en todo su potencial.
Actualmente, un síntoma de estos desentendimientos, falta de coordinación y cooperación política en pos de un objetivo común, se plantea claramente en el conflicto entre Argentina y Uruguay por las "papeleras". Otro caso, éste de no-coordinación macroeconómica, se da en la relación entre el tipo de cambio de Brasil y Argentina. No solo hay una gran diferencia en sus valores, sino que, además, el gobierno argentino no permite que se aprecie, como marca su tendencia natural, y converja hacia el brasileño. Por un lado, que el peso esté más devaluado es deseable, ya que nos tendría que favorecer comercialmente, aunque, sin embargo, nuestra balanza comercial con Brasil es deficitaria; pero por otro, señala un déficit institucional y político: la falta de un objetivo común.
En estas condiciones es difícil constituir una entidad de las dimensiones pretendidas, y más aún, si no se quiere repetir las malas experiencias anteriores. La responsabilidad es grande, esperemos que nuestras autoridades estén a la altura de las circunstancias.

viernes, 4 de mayo de 2007

Y el largo plazo...?

La política económica llevada adelante por el actual gobierno del Presidente Kirchner se basa fundamentalmente en dos pilares: un tipo de cambio nominal alto y una fuerte recaudación impositiva.
Por un lado, el tipo de cambio alto favorece la competitividad de las empresas y sectores ligados a la exportación, y principalmente, al sector agropecuario dada la característica productiva de nuestro país, las proyecciones entorno a las cosechas y los buenos precios internacionales que registran actualmente las materias primas agropecuarias. Por el otro, genera desincentivos a la importación de productos, lo cual permite un desplazamiento progresivo hacia la sustitución de importaciones y un resurgimiento en la estructura de la industria nacional.
La segunda cuestión, o sea, la fuerte recaudación impositiva, está directamente relacionada con la primera.
Las retenciones a las exportaciones explican gran parte las recaudaciones record que viene registrando el gobierno desde hace ya unos años. Aunque es preciso aclarar que el Impuesto al Valor Agregado y Ganancias contribuyen también en gran medida, son las retenciones a los productos agropecuarios la gran carta de Economía para sostener la recaudación en esos niveles.
Ahora bien... ¿qué se necesita para ello? la respuesta es sencilla: un dólar alto.
En breve volveré sobre esta cuestión.
Quisiera preguntarme... ¿cuál es la desesperación del gobierno por seguir incrementando sus ingresos? ¿cuál es el costo que está dispuesto a pagar por ello?.
En primer lugar, el 2007 es un año de elecciones, por lo que, como es sabido, el clientelismo político emerge con mayor fuerza que nunca. Como consecuencia de ello, los gastos en obra pública (cuya legitimidad y transparencia estan en tela de juicio), en asistencialismo mediocre, patético y miserable, y gastos directos de campaña electoral, aumentan considerablemente, al punto de que en estos últimos meses han superado a la recaudación, disminuyendo así el superávit fiscal.
En segundo lugar, el gobierno deberá tener una mayor caja para hacer frente a los "nuevos jubilados" y a todos aquellos que decidan cambiarse de una AFJP hacia el sistema de reparto, lo cual implicará otros importantes desembolsos a partir del año próximo.
El costo que está dispuesto a aceptar por esto parecería ser el máximo: nuestro presente y futuro.
El daño inmediato es sobre el bolsillo de los trabajadores, principalmente asalariados, que ven como disminuye cada vez más su poder adquisitivo debido a la inflación (que intenta manipular el gobierno) y que su disminución no es compatible con un dólar tan alto y mucho menos con los controles de precios establecidos sobre varios productos de la canasta.
El daño futuro se debe a que para mantener artificialmente el dólar en los valores actuales, el Banco Central tiene que salir desesperadamente a comprar divisas, lo cual paralelamente inyecta pesos en el mercado que luego tiene que neutralizar (para no alimentar las expectativas inflacionarias) colocando títulos públicos a mediano y largo plazo por supuesto a cambio de un interés.
Por suerte, el problema de divisas es ahora debido a la gran liquidez mundial y al buen desempeño de los sectores exportadores que generan entrada de dólares.
La política de acumulación de reservas es importante y necesaria, pero debe ser consistente con la situación interna del país, es decir, no tiene sentido que el Gobierno tenga 40.000 millones de dólares guardados mientras el 50% de la población presenta alguna situación de carencia, y no me limito únicamente al aspecto económico.
El dato a tener en cuenta es que, mientras la entrada de divisas crece a gran escala y presiona a la baja del tipo de cambio, las intervenciones del Banco Central deben ser cada vez mayores para sostener el valor del dolar. Claramente esto es una señal de principio de agotamiento de esta metodología.
Lo lógico e inevitable en el corto o mediano plazo es una disminución en el tipo de cambio, y por ende, una disminución en los ingresos recibidos por el impuesto a las exportaciones. Por otro lado, recordemos que el gasto público continúa aumentando a tasas mayores que la recaudación.
En este sentido, el gobierno debería ser más racional y responsable con sus políticas, su manera de gastar los recursos, alentar y dirigir mejor las inversiones y principalmente fortalecer las estructuras e instituciones, ya que la bonanza no es eterna y la historia nos dice que las épocas de vacas flacas afectan mucho a países como el nuestro.