La influencia económica y política que viene ejerciendo Venezuela en estos últimos años sobre los países de América Latina es cada vez más notoria. Al punto que su incorporación como miembro activo del MERCOSUR está causando bastante revuelo y, a su vez, preocupación, no solo en Estados Unidos, enemigo público número uno, sino también en Argentina y Brasil, teóricamente aliados en este proceso de integración.
La disputa contra Estados Unidos no es más ni menos que económica y comercial, más precisamente, por el petróleo, y no por una cuestión meramente ideológica. Lamentablemente, el mundo gira entorno a los negocios y eso lo tienen más que claro tanto el Presidente Chávez como Bush.
Por otro lado, la reciente inclusión de Venezuela al bloque del MERCOSUR, ya comenzó a generar incomodidades de diversos tipos. La propuesta para la creación del Banco del Sur es una de ellas.
Esta cuestión debe ser analizada, al menos en principio, desde dos puntos de vista: uno económico y otro político.
La creación de una entidad de este tipo puede ser beneficiosa para los países de la región, aunque su implementación y desarrollo presenta muchas complicaciones estructurales, financieras, de coordinación y cooperación política.
Dentro de los objetivos previstos se encuentran el de financiar grandes obras públicas de infraestructura, proveer de liquidez a los países miembros en caso de desequilibrios temporales y colaborar en el ambicioso proyecto de crear una moneda única, distinta del dólar, para el comercio intra-zona.
Desde este punto de vista, el argumento para su formación es muy interesante, reforzado, además, por la realidad de que entidades como el FMI y el Banco Mundial han colaborado, mediante consejos y políticas a favor de sus propios intereses, con el colapso social, político y económico que han registrado la mayoría de los países latinoamericanos. Por otro lado, se encuentra el rol desempeñado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que pese a ser cuestionado por cierta ineficiencia en la asignación de recursos, propia de toda entidad burocrática, debe destacarse que ha intentado, de hecho con algunos buenos resultados, colaborar con la causa de los países en desarrollo.
Ahora bien, si la iniciativa del Presidente venezolano esconde un costado netamente político, es decir, continuar profundizando la pelea con Estados Unidos, serán los países latinoamericanos los únicos perjudicados, ya que existe cierto riesgo de aislamiento comercial y pérdida de credibilidad.
Argentina se encuentra en una etapa de expansión económica y necesita inversiones, tanto internas como externas, para lograr consolidar ese crecimiento y pasar a la próxima fase que es el desarrollo sustentable, que permita, como condición esencial, reforzar las bases y estructuras pensando en el bienestar futuro de la Nación. Es por ello, que la alianza "de turno" con Venezuela es un filo de navaja.
Otra cuestión a tener en cuenta es el aporte de capital inicial con el cual comenzará a funcionar el Banco del Sur.
En este sentido, es indudable que las divisas para constituir el fondo inicial tendrán que salir de las arcas del Banco Central o del Tesoro Nacional, esto es, se descontarán de las reservas acumuladas.
En principio no parecería ser un problema para Argentina ya que el nivel de las mismas es importante. Pero no debe olvidarse que parte de las reservas están comprometidas con el pago de intereses de los bonos a plazo emitidos por el gobierno para sostener el valor del dólar.
Por otro lado, el Banco del Sur tiene una desventaja más. Estará manejado y administrado políticamente, es decir, estará impregnado de todas las deficiencias propias de la burocracia gubernamental. La experiencia del MERCOSUR nos marca claramente esta pauta; a más de quince años de su creación las fluctuaciones en las relaciones políticas y comerciales no han permitido que el bloque se desarrolle en todo su potencial.
Actualmente, un síntoma de estos desentendimientos, falta de coordinación y cooperación política en pos de un objetivo común, se plantea claramente en el conflicto entre Argentina y Uruguay por las "papeleras". Otro caso, éste de no-coordinación macroeconómica, se da en la relación entre el tipo de cambio de Brasil y Argentina. No solo hay una gran diferencia en sus valores, sino que, además, el gobierno argentino no permite que se aprecie, como marca su tendencia natural, y converja hacia el brasileño. Por un lado, que el peso esté más devaluado es deseable, ya que nos tendría que favorecer comercialmente, aunque, sin embargo, nuestra balanza comercial con Brasil es deficitaria; pero por otro, señala un déficit institucional y político: la falta de un objetivo común.
En estas condiciones es difícil constituir una entidad de las dimensiones pretendidas, y más aún, si no se quiere repetir las malas experiencias anteriores. La responsabilidad es grande, esperemos que nuestras autoridades estén a la altura de las circunstancias.
La disputa contra Estados Unidos no es más ni menos que económica y comercial, más precisamente, por el petróleo, y no por una cuestión meramente ideológica. Lamentablemente, el mundo gira entorno a los negocios y eso lo tienen más que claro tanto el Presidente Chávez como Bush.
Por otro lado, la reciente inclusión de Venezuela al bloque del MERCOSUR, ya comenzó a generar incomodidades de diversos tipos. La propuesta para la creación del Banco del Sur es una de ellas.
Esta cuestión debe ser analizada, al menos en principio, desde dos puntos de vista: uno económico y otro político.
La creación de una entidad de este tipo puede ser beneficiosa para los países de la región, aunque su implementación y desarrollo presenta muchas complicaciones estructurales, financieras, de coordinación y cooperación política.
Dentro de los objetivos previstos se encuentran el de financiar grandes obras públicas de infraestructura, proveer de liquidez a los países miembros en caso de desequilibrios temporales y colaborar en el ambicioso proyecto de crear una moneda única, distinta del dólar, para el comercio intra-zona.
Desde este punto de vista, el argumento para su formación es muy interesante, reforzado, además, por la realidad de que entidades como el FMI y el Banco Mundial han colaborado, mediante consejos y políticas a favor de sus propios intereses, con el colapso social, político y económico que han registrado la mayoría de los países latinoamericanos. Por otro lado, se encuentra el rol desempeñado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que pese a ser cuestionado por cierta ineficiencia en la asignación de recursos, propia de toda entidad burocrática, debe destacarse que ha intentado, de hecho con algunos buenos resultados, colaborar con la causa de los países en desarrollo.
Ahora bien, si la iniciativa del Presidente venezolano esconde un costado netamente político, es decir, continuar profundizando la pelea con Estados Unidos, serán los países latinoamericanos los únicos perjudicados, ya que existe cierto riesgo de aislamiento comercial y pérdida de credibilidad.
Argentina se encuentra en una etapa de expansión económica y necesita inversiones, tanto internas como externas, para lograr consolidar ese crecimiento y pasar a la próxima fase que es el desarrollo sustentable, que permita, como condición esencial, reforzar las bases y estructuras pensando en el bienestar futuro de la Nación. Es por ello, que la alianza "de turno" con Venezuela es un filo de navaja.
Otra cuestión a tener en cuenta es el aporte de capital inicial con el cual comenzará a funcionar el Banco del Sur.
En este sentido, es indudable que las divisas para constituir el fondo inicial tendrán que salir de las arcas del Banco Central o del Tesoro Nacional, esto es, se descontarán de las reservas acumuladas.
En principio no parecería ser un problema para Argentina ya que el nivel de las mismas es importante. Pero no debe olvidarse que parte de las reservas están comprometidas con el pago de intereses de los bonos a plazo emitidos por el gobierno para sostener el valor del dólar.
Por otro lado, el Banco del Sur tiene una desventaja más. Estará manejado y administrado políticamente, es decir, estará impregnado de todas las deficiencias propias de la burocracia gubernamental. La experiencia del MERCOSUR nos marca claramente esta pauta; a más de quince años de su creación las fluctuaciones en las relaciones políticas y comerciales no han permitido que el bloque se desarrolle en todo su potencial.
Actualmente, un síntoma de estos desentendimientos, falta de coordinación y cooperación política en pos de un objetivo común, se plantea claramente en el conflicto entre Argentina y Uruguay por las "papeleras". Otro caso, éste de no-coordinación macroeconómica, se da en la relación entre el tipo de cambio de Brasil y Argentina. No solo hay una gran diferencia en sus valores, sino que, además, el gobierno argentino no permite que se aprecie, como marca su tendencia natural, y converja hacia el brasileño. Por un lado, que el peso esté más devaluado es deseable, ya que nos tendría que favorecer comercialmente, aunque, sin embargo, nuestra balanza comercial con Brasil es deficitaria; pero por otro, señala un déficit institucional y político: la falta de un objetivo común.
En estas condiciones es difícil constituir una entidad de las dimensiones pretendidas, y más aún, si no se quiere repetir las malas experiencias anteriores. La responsabilidad es grande, esperemos que nuestras autoridades estén a la altura de las circunstancias.

2 comentarios:
El artículo me pareció un reflejo bastante fidedigno de la realidad. Creo que se destacaron las principales fortalezas y debilidades del tema en cuestión.
Creo que el principal mentor del Banco del Sur es Chávez. El supuesto bolivariano gracias a sus petrodólares y a la necesidad de financiamiento de los países latinoamericanos está haciendo lo que quiere.
Además si tenemos en cuenta que las administraciones locales lo acompañan, llegamos a este tipo de resultado. Y cuando digo acompañan, hago referencia a un tipo que la semana anterior cerró un canal de televisión por ser "opositor". Locura? Por lo menos, es la respuesta.
Pero no se han puesto ha pensar que si el mundo está viviendo un período de auge, y que la mayoría de los países que lo necesitan están obteniendo los fondos que necesitan, porque no podemos hacer lo mismo?
La respuesta la encontramos en la misma razón por la cual diríamos que llevar a cabo este tipo de emprendimiento es una utopía a corto plazo.
No tenemos inversión extranjera directa porque no respetamos contratos de ningún tipo y porque no tenemos estabilidad. No digan que porque tenemos 4 años de crecimiento tenemos estabilidad. Hay mucho atrás de una estabilidad.
A esto se suma que no tenemos un plan a largo plazo.
Aunque si tenemos algo: controles de precios, una estructura impositiva que asusta, políticas populistas y sin fundamentos a montones, instituciones inservibles (¿tenemos instituciones?),etc.
Por estas "pequeñas cosas" es que no tenemos crecimiento en las inversiones. Y son las mismas cosas que tendríamos que corregir para afrontar algo de esta envergadura.
No encontramos la solución a una papelera y queremos formar parte de esto.
Ah, esperen que no es sólo nuestro, toda Latinoamérica está igual (siendo Chile una especie de excepción).
A sacar conclusiones.
En primer lugar me gustaría felicitar a José por esta lúcida idea, que nos permite a todos poder expresarnos (mal, bien o en definitiva subjetivamente) sobre las realidades económicas, políticas y sociales que acontecen a diario tanto a nivel nacional como mundial.
Luego de hacer evidente mi sesgo por el lazo de amistad que nos une, quería hacer referencia al último tema publicado en el blog sobre el Banco del Sur. Como hemos visto, allí se analizan algunas ventajas de esta nueva creación y se evidencian (con gran acierto) todas la consecuencias negativas que nos puede traer aparejado la creación de instituciones sin bases sustentables y alianzas con los ricos de moda de la región, carentes de toda racionalidad y dispuestos a llevar a la ruina a todo un continente en el afán de triunfar en su lucha personal, de la cual sinceramente, hasta él creo tiene sus serias dudas.
Pero dejando de lado esto, me gustaría que los análisis y las críticas no recaigan sobre las consecuencias sino sobre las causas de un error que se cometió hace aproximadamente 12 años, y es la creación del bendito MERCOSUR.
Si bien estoy de acuerdo en la aglomeración de fuerzas como único método para poder negociar de “igual a igual” con las demás potencias mundiales, a mi humilde entender la falla reside en la manera en la que se forma la alianza y la heterogeneidad de los miembros que la conforman.
Parece que otra vez copiamos recetas aplicadas en otros tiempos y espacios, y además en diferentes ámbitos. O ya se olvidaron lo que le costó a Europa crear la Unión Europea (UE), y las contemplaciones previas que se hicieron antes de que empiece a funcionar con un sin fin de restricciones, que se asemejaban mucho a la era más proteccionista de nuestro vecino (ese que ahora es el más neoliberal y sigue manejando la economía mundial).
A lo que quiero llegar con todo esto es que para crear alianzas, ya sean comerciales, políticas o económicas, tiene que haber en principio varios años de estabilidad en los países miembros de la alianza, éstos a su vez deben poseer un cierto grado de homogeneidad, las reglas tienen que ser bien claras desde el primer momento, las instituciones tiene que estar legitimizadas (o como mínimo estar), y creo que son materias que se han olvidado nuestros dirigentes, o que por lo menos no supieron copiarles a los europeos.
Por lo tanto, debemos ser realistas y aceptar que debido a las desigualdades políticas, económicas y sociales que existen en América Latina (y que cada vez son más marcadas, aunque no tanto como las ideológicas) toda alianza que se forme, por más sentido de cooperación y desarrollo que tenga, va a derivar en que cada miembro busque y aplique políticas para satisfacer sus intereses propios, lo que acentúa las diferencias internas en la alianza y además termina de deteriorar la imagen del mundo sobre América Latina, variable que analizan constantemente los capitalistas extranjeros al momento de decidir si invierten o no en el volcán americano.
Sin más, lo que queda por ver es si se comienza desde cero, para poder lograr atraer a las IED, con su posterior sustentabilidad y la consecuente “Alianza Sudamericana”, o por lo contrario seguimos dando manotazos de ahogados ( símil creación Banco del Sur) en el medio del océano.
Publicar un comentario