domingo, 29 de julio de 2007

Modelo "productivista"

En el artículo anterior mencioné que el modelo actual en lo referido a la política económica es “productivista”; ahora bien, cómo se está comportando este modelo?
En primer lugar, debemos considerar la situación anterior a que dicho proceso comienza a gestarse, caracterizada, antes de la crisis de diciembre de 2001, por un alto endeudamiento público y privado, fundamentalmente en dólares, un moneda local apreciada, pero anclada al dólar por ley, por ende en un valor ficticio, irreal, y en un claro proceso de deterioro industrial y social, con la desocupación e índices de pobreza en alza.
Como es de esperar, luego de una devaluación, aunque lleva tiempo y esfuerzo reacomodar las variables macro, los sectores tradicionales e industriales ligados a la exportación vieron una vez más un horizonte próspero para el desarrollo de sus negocios. Por otro lado, el sector importador se vio en principio claramente afectado, ya que no resulta simple sustituir aquellos bienes utilizados en la producción de otros bienes y demás bienes finales, varios de ellos integrantes de la canasta básica.
Por otro lado, además de los damnificados por el corralito, corralón y la posterior pesificación de los depósitos en dólares, una vez más, la sociedad de clase media, media baja y baja, serán a los que les toque la menor porción de la torta.
Es necesario hacer la aclaración que este modelo parte de un punto muy bajo, es decir, luego de una crisis social, política y económica muy profunda. De todos modos, ello no justifica muchas acciones u omisiones del actual Gobierno, contradicciones, abusos de poder y falta de reglas claras, que hacen, que a más de cuatro años de gestión, haya prevalecido el pensamiento de recomponer pensando en cómo perpetuarse en el poder, y no en lo que tanto nos hace falta como país, y es pensar en el mediano y largo plazo.
A medida que la economía va regenerando redes de comercialización vinculando cadenas productivas y a los diversos actores que la integran, comienza a producirse lo que se denomina “efecto derrame”, desde aquellos sectores que se están viendo beneficiados hacia el resto de la economía. Para que esto tenga los resultados deseados, es necesaria la activa participación del Estado para mejorar la eficiencia de ese “derrame”, ya que cuenta con los instrumentos y el poder para hacerlo, mediante políticas tendientes a hacer más equitativos esos beneficios.
En parte ello ha sucedido, pero en mayor parte, no.
En primer lugar, el primer paso hacia una reconstrucción de estructuras desvastadas y pensando a futuro, es la EDUCACIÓN. No me animo a decir que este Gobierno haya tratado el tema con la seriedad que se merece, solo basta ver que en muchas ciudades y pueblos del país, las clases comenzaron muy posteriormente de lo que debían haberlo hecho, y que además, aún persisten los conflictos entre maestros, profesores, sindicatos y autoridades nacionales y provinciales que provocan que las clases se detengan, y como consecuencia, que los alumnos (nuestro futuro) no tengan clases.
En segundo lugar, es cierto que los indicadores sociales muestran una mejoría respecto de la época de la crisis, es decir, la desocupación ha bajado, al igual que la pobreza, pero no hay que detenerse solo en cifras (bastantes cuestionadas por cierto) sino que hay que indagar más profundamente, ya que una parte de los “ocupados” se refiere a aquellos que reciben planes sociales, cartoneros, y además, una proporción importante de los mismos se encuentra exento de los beneficios de la seguridad social, obra social, vacaciones, aguinaldo, etc. etc.
El problema energético es otro termómetro que señala la ausencia de planificación a plazos mayores de “cuatro años”, y que está marcando algunas contradicciones en torno a la actual política económica.
Dos consideraciones finales; la primera de ellas está relacionada con la necesidad urgente de concretar inversiones, tanto nacionales como extranjeras. Esto es vital para el mantenimiento del modelo por dos razones: muchas de las industrias nacionales han llegado al límite de su capacidad instalada, es decir, necesitan poder expandirse para incrementar su producción con el objetivo de satisfacer la creciente demanda interna y externa, además de que la protección natural contra bienes importados gracias al dólar a 3 pesos no puede mantenerse indefinidamente, y pronto tendrán que salir nuevamente a competir con bienes de todo el mundo, y hay que estar preparado con estructuras sólidas, buenos precios y calidad. Pero en la medida que Kirchner siga haciendo las declaraciones que hace y actuando de la manera que lo hace, las inversiones en vez de llegar comenzarán a irse.
La segunda consideración tiene que ver con la distribución del ingreso. En este sentido, el actual modelo, además de “productivista” está siendo poco equitativo, no por el modelo en sí, sino fundamentalmente por la ausencia de políticas tendientes a lograr la redistribución de ingresos procedentes del “derrame”. Un tipo de cambio competitivo es condición necesaria para mantener superávit fiscal y comercial, pero la contrapartida es un incremento de costos que se traduce en aumentos de precios. Los sindicatos pelean y obtienen incrementos salariales para sus afiliados; dado que no son aumentos ligados a productividad, sino a decretos, los empresarios lo perciben como mayores costos que luego traducen a sus precios. La espiral continúa mientras los precios y la brecha entre ricos y pobres aumenta a un ritmo casi vertiginoso.
Estas son solo algunas consecuencias de no haber hecho las cosas desde el inicio como corresponden, es decir, pensando en el bienestar presente y futuro de toda la sociedad.

domingo, 22 de julio de 2007

Indice de confianza en baja

¿Cuáles son las posibles consecuencias del cambio en el Ministerio de Economía y Producción de la Nación? Desde mi punto de vista, muy pocas.
El conductor de la política económica nacional seguirá siendo el Presidente, y es por ello que ha designado a una persona no solo de su confianza sino además de una visión similar en cuanto al funcionamiento de este modelo económico “productivista”, con sus todavía grandes debilidades y deudas sociales, pero “productivista” al fin.
Uno de los temas quizás más preocupantes y que debería revisar prontamente el nuevo ministro, Miguel Peirano, es el índice de precios que determina la inflación. Pero aquí la situación actual es más que delicada y compleja.
El INDEC, organismo debilitado moralmente en lo que respecta a este tema, por causa de manipulación política, sigue estando controlado por uno de los actores más perversos de este Gobierno, Guillermo Moreno.
En este sentido, cabe preguntarse hasta dónde intentará mejorar la credibilidad del índice de inflación el flamante Ministro de Economía. Por lo poco que se ha escuchado aún, Peirano cree que el índice es confiable y no introducirá ninguna modificación en la metodología para medirlo, al menos hasta después de las elecciones, ya que una modificación implica el reconocimiento de que las cosas no se están haciendo bien, y al Presidente eso no le place.
Las consecuencias son diversas y de todo tipo. En primer lugar, y sobre toda las cosas, es una falta de respeto hacia la población argentina que intenten hacernos creer que los precios de la economía no están aumentando de manera sustancial, solo basta con ir una vez por semana al supermercado. Ni hablar de otros servicios, que afectan más a la clase media y media alta, como la medicina prepaga y el arancel de los colegios privados.
En segundo lugar, hay diversos indicadores económicos y sociales que toman como referencia para determinados análisis y resultados, el índice de precios al consumidor. De ellos depende que una porción importante de personas se sitúe o no por debajo de la línea de la pobreza o indigencia. Esto constituye otra aberración del manipuleo político de los indicadores. El hecho de que no se haya podido publicar en tiempo y forma la última EPH por no disponer de datos confiables respecto del índice de inflación, es consistente con la tendencia “poco transparente” en muchos aspectos de la administración K.
Antes de continuar, quisiera hacer la aclaración de que en una economía en crecimiento y con el grado de apertura comercial y económica de Argentina, es un hecho normal la existencia de una inflación de entre el 12 y 14% anual, pero el Gobierno en su afán por pasar a la historia a cualquier precio, lo único que está logrando es despertar las siempre latentes expectativas inflacionarias, y con ello está haciendo que la inflación real sea más alta de la que debería ser, y por su puesto mucho mayor que la ficticia inflación oficial. Recuerden que “el que se olvida de la historia está condenado a repetirla”.
En tercer lugar, la falta de credibilidad genera, ni más ni menos, que desconfianza. El próximo mes de agosto, el Tesoro Nacional deberá desembolsar algo así como U$S 4.500 millones en concepto de, entre otros, pago de amortización e intereses de títulos públicos (si, de esos que utiliza para financiar el dólar a 3 pesos).
Una fuente allegada al Gobierno dijo que están tratando de agotar todas las posibilidades para conseguir ese dinero. ¿La plata está? Si, claro que está. ¿Dónde? En el Banco Central y/o en el mercado.
El BCRA no tiene ningún problema en prestarle esa suma de dinero al Gobierno (sino además, Martín Redrado, Presidente del Banco Central, se quedaría sin trabajo); la única restricción es legal, es decir, solo puede financiar al Gobierno hasta una determinada cantidad anual de dinero, que por el momento no ha llegado a su límite superior.
La otra posibilidad relativamente consistente es emitir nuevamente bonos y lanzarlos al mercado y de esa manera seguir pateando la deuda pública hacia el futuro, que vaya a saber quién se hará responsable, pero bueno, el pensamiento imperante es la “miopía”, así que eso “después se verá”.
Aquí se ensambla el tema de la falta de credibilidad en los indicadores del INDEC, ya que debido a la manipulación oficial, se acuerdan del año 2001/2002, el “riesgo país”, bueno, volvió a aumentar. De todos modos, no es para alarmarse, los valores de ahora no tienen comparación cercana con los de aquella época.
Lo que si es para preocuparse, que debido a esa suba del riesgo, el Gobierno si tiene que financiarse a través del mercado, deberá pagarle a sus acreedores una tasa de interés mayor. Lo cual nos permite una reflexión, y es que parece que si no hay voluntad y pruebas de mejora en la eficiencia y confiabilidad de los indicadores macroeconómicos, una de las principales fuentes de financiamiento del Gobierno, como es la emisión de bonos, parece estar dando señales de agotamiento, es decir, el mercado por el momento continuará aceptando, aunque el costo que debamos pagar sea considerablemente mayor, pero es como todo, si no hay garantías…

sábado, 14 de julio de 2007

Déficit... de credibilidad (Parte II)

En el artículo anterior mencioné algunos de los casos que estaban - y siguen estando - en tela de juicio respecto a irregularidades cometidas por funcionarios del Gobierno nacional y provinciales. No gratamente, esta semana emergen en los medios dos situaciones más que involucran, por un lado, a la ministra de Economía, Felisa Miceli, y por otro, a la secretaria de Medio Ambiente, Romina Picolotti.
Recordando que encontraron una suma importante de dinero en efectivo en el despacho de la ministra Miceli, que debido al hermetismo y a manejos oficiales, no se conoce la cifra exacta, y la denuncia presentada para dar explicaciones del exponencial aumento del gasto y contrataciones de personal, muchos de ellos familiares y amigos, a la secretaria Picolotti, el Gobierno a tomado su postura y parece no querer dar el brazo a torcer.
En torno a ello, hay dos cuestiones sobre las cuales quisiera reflexionar: la primera es hasta dónde llega la responsabilidad directa de Presidente en estos hechos, y la segunda es la posición tomada por él mismo y sus colaboradores de negar absolutamente todas las acusaciones que se les realizan.
Respecto de la primera cuestión, podría pensarse que el Presidente al elegir a un funcionario público de confianza para un cargo importante, lo hace teniendo en cuenta no solo su capacidad profesional sino también su idoneidad moral. Ahora bien, dado los fuertes intereses que están en juego en las decisiones públicas y los grupos de poder que hay detrás de ellas, podría pensarse que algún funcionario no resista esas fuertes presiones y/o tentaciones y ceda, quizás en parte, contra su voluntad. El lector se dará cuenta que siempre estoy en el campo de las hipótesis, verdad?
La disyuntiva que aquí se plantea se refiere a cuál debería ser la manera de actuar del Presidente, es decir, siendo este funcionario una persona designada por su dedo, es co-responsable por sus acciones.
Entonces, una de las medidas posibles de ser tomadas sería apartar momentáneamente del cargo al funcionario acusado para que pueda ser investigado y una vez determinada la veracidad o no de las acusaciones, actuar en consecuencia.
Aquí se ensambla la segunda cuestión; tanto el Presidente, como el Ministro del Interior y el Jefe de Gabinete, como primera medida y sin parpadear…niegan.
Cuando salió a la luz el pago de coimas y sobreprecios en el caso Skanska, se manifestaron en férrea defensa del Ministro de Planificación Federal, Julio de Vido, y no solo que no lo apartaron de su cargo, sino que hicieron ello con el titular del Banco Nación Fideicomisos y comenzaron a investigar a funcionarios privados, ligados con la empresa sueca. Clara señal de negación.
Esta semana, en el escándalo de la ministra Miceli, lo primero que hicieron fue hacer “desaparecer” el acta original donde constaba que eran aproximadamente U$S 200.000 los que se habían encontrado, para luego hacer circular que “solo” eran U$S 60.000, y que por supuesto, si no hay nada turbio detrás de esto, lo tendrían que haber podido explicar y aclarar ese mismo día y no dejar pasar una semana. Por su parte, Miceli, no habla del caso. El Presidente y sus ministros niegan que pueda tratarse de alguna irregularidad y la ratifican en el cargo, mientras tanto no puede explicarse el origen de esos fondos. Otra clara señal de negación.
Las denuncias sobre Romina Picolotti tienen una igual interpretación que las anteriores: una rotunda negación, aunque aquí con un agravante más; en la conferencia de prensa de uno de los ministros Fernández, no solo que estuvo negando todo el tiempo las acusaciones, sino que además no pudo refutar ninguna de ellas en lo que respecta a la incorporación de familiares y amigos de la titular de la secretaría a cargos de $ 8.000 mensuales y un extraordinario incremento en el gasto que, de acuerdo a la denuncia realizada por un Diputado del ARI, parte del mismo se desviaba hacia una fundación, claramente para evitar los controles oficiales.
No queda fuera de la orbita de la negación oficial, el tema quizás más relevante y preocupante en este momento, como es el de la crisis energética.
Recuerden ustedes que hasta hace tan solo menos de dos meses atrás, para el Gobierno el colapso y la crisis en materia energética no existía, sino que formaba parte de una campaña sucia contra el oficialismo. Comentar esto me produce un fuerte escalofrío.
El tiempo lo dice todo, y sino pregúntenle a los dueños de las medianas y grandes empresas industriales y a sus obreros, que ven como su salario disminuye por el recorte en sus horas de trabajo y por la inflación imperante, a los taxistas y sus largas colas en las estaciones de servicio y las dificultades para pagar el alquiler del auto, y a muchos vecinos que han permanecido sin gas o electricidad por varios días, aunque la orden del Gobierno haya sido proteger hasta las últimas consecuencias a los hogares argentinos; de todos modos, parece no ser suficiente con ordenar, también hay que actuar.