sábado, 18 de agosto de 2007

Turbulencias

En uno de los primeros artículos que escribí para el blog, hace ya algo más de tres meses, intenté destacar el hecho de que la economía nacional se encontraba transitando un presente próspero en materia comercial y financiera; las cuentas nacionales en orden, un grado de apertura económica importante, con excelentes precios internacionales para nuestros productos primarios, algunos indicadores sociales mejorando de manera paulatina, en fin, se estaban dando todas las condiciones para que de una buena vez, y mediante la correcta intervención de Estado en algunas cuestiones económicas, dejemos de ser un país “bananero” y comencemos a pensar y actuar como lo hacen muchos de los países desarrollados.
Pero por otro lado, también advertí, que había una serie de cuestiones que eran sumamente necesarias y que debían tenerse en cuenta a la hora de construir un país pensando en el futuro, y más aún, a sabiendas que la economía global también fluctúa, que hay períodos buenos pero que en algún momento dejan de serlo parcial o totalmente.
Me refiero de manera particular a la captación de inversiones nacionales y extranjeras para consolidar esta etapa de crecimiento y permitir, mediante políticas de redistribución, que ciertos sectores de la sociedad relegados desde hace mucho tiempo, tengan también su oportunidad de participar de la bonanza imperante en este mundo tan relacionado.
Amén de ello, las empresas mismas necesitan inversiones para hacer frente a sus limitaciones de capacidad instalada, a la demanda interna y externa creciente, y por otro lado, el Estado mismo necesita invertir productivamente para generar consecuencias positivas sobre la economía.
Personalmente considero que, además de la influencia negativa (pero a la vez muy positiva) de tener a Brasil en la región, una economía varias veces superior a la nuestra, el grueso de las inversiones internacionales se nos ha escapado debido a las repetidas intolerancias de nuestro Gobierno.
En estos días, la economía mundial en general, y los mercados financieros en particular, han experimentado otro gran susto que era de prever. El problema de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos no es de ahora sino que tiene toda una historia por detrás.
Como también era de esperar, el mercado financiero y los bonos argentinos, lo sufrieron.
Las consecuencias inmediatas: por suerte, muy pocas. El BCRA tiene un volumen de reservas internacionales más que considerable como para corregir eventuales desequilibrios temporales.
Pero bien, no debe olvidase que casi la mitad de las reservas están comprometidas de aquí a fin de año en pagos de deuda pública emitida (bonos lanzados al mercado en búsqueda de dólares, para sostener su precio) y sus intereses (véase informe publicado por el Banco Santander Río), algo así como 20.000 millones de dólares en total, cifra para nada despreciable.
Ahora bien, ¿por qué son los bonos argentinos los más perjudicados cuando se da este tipo de problemas internacionales? La respuesta debe encontrarse pura y exclusivamente en el interior del país. Es año de elecciones, y como todo proceso de tal magnitud, genera incertidumbre; la alianza con el Presidente venezolano, Hugo Chávez, genera desconfianza, como he mencionado en algún artículo aquí publicado; el discurso prepotente de nuestro Presidente genera reacciones contrapuestas en los inversores; recuerden, además, que hay un grupo de bonistas que no aceptó la propuesta argentina de reestructuración de deuda, pero que aún no hemos solucionado su situación y aunque sean una gran minoría, son U$S 20 millones que el Gobierno aún no ha saldado y no creo que tenga en vista saldar; la crisis energética y los casos concretos de corrupción que salpican a este Gobierno; la manipulación oficial de los datos económicos y sociales publicados por el INDEC, etc. etc.
Las posibles futuras consecuencias: si las distorsiones en la economía “virtual” comienzan a afectar a la economía “real”, como parece que en algunos casos ya se está dando, como la baja en las cotizaciones de la soja, una de nuestras fuentes principales de ingresos por exportaciones, el gasto público, como consecuencia del año electoral, continúa aumentando en mayor proporción que los ingresos públicos y el inminente avance de la inflación, variable para la cual el Gobierno no ha encontrado una medida efectiva de prevención ni solución, pueden complicar el panorama económico, social y político de nuestro país.
Considero totalmente que aún estamos a tiempo de cambiar esta posible situación negativa y llevarla hacia donde realmente deseamos, que es en pos de un país mejor para todos, porque si las cosas comienzan tan pronto a desmejorarse y no tenemos herramientas efectivas para enfrentarlas, los 45.000 millones de dólares en reservas no tienen ningún justificativo, ya que el país se habrá perdido, una vez más, de sostener su crecimiento en el tiempo y generar condiciones algo más dignas para el conjunto de la sociedad, y será recordada como otra etapa en donde los únicos beneficiados fueron los mismos de siempre.

1 comentario:

Anónimo dijo...

hola jose,
posiblemente esta temporal inestabilidad pase sin mayores problemas al menos para nosotros dado que, aunque es cierto lo que decis que por cuestiones internas nos afectan los problemas externos, la macroeconomia esta relativamente estabilizada. Digo de manera relativa, por lo que vos tambien mencionas, y es que hay cuestiones latentes que debemos seguir muy de cerca ya que pueden empañar, o al menos, complicar, el panorama, y son, la inflacion y el aumento del gasto, derivado del año electoral y los consiguientes clientelismos politicos.
Un abrazo, felicitaciones por esta idea del blog.
Mariano