sábado, 30 de junio de 2007

Déficit... de credibilidad

Esta semana, el Directorio del Banco Mundial aprobó dos créditos para la Argentina, de los cuales aún no hay muchos detalles; solo se conoce, de acuerdo a declaraciones oficiales, que los montos ascienden a U$S 400 millones para continuar (¿?) con el plan de obras viales nacionales, y U$S 260 millones para la Provincia de Buenos Aires, destinados a obras de infraestructura y mejoramiento urbano.
Por un lado, esto es una buena noticia ya que la situación de una buena parte de las rutas argentinas es precaria debido a la conjunción del desgaste por uso y paso del tiempo como por la falta de nuevas inversiones en mantenimiento de las mismas. Algo parecido sucede con la infraestructura de redes de agua, saneamiento y drenaje de la Provincia.
Por otro lado, esto llega en un momento en donde la “legalidad” de algunas obras públicas nacionales y provinciales, llámese caso Skanska, renegociación de contratos petroleros en Santa Cruz, la construcción del Gasoducto Patagónico, están siendo más que cuestionadas por diversos sectores y entes de control por falta de certezas en torno a cuestiones tales como el pago de sobornos a funcionarios, sobreprecios y falta de cumplimiento de contratos.
No obstante ello, debido a la facultad que tiene el Ejecutivo para derivar fondos a “gusto y piacere”, el Ministerio de Planificación Nacional, encabezado por Julio De Vido, ya ha recibido una impresionante cantidad de dinero adicional a su presupuesto anual, en teoría para inversiones en infraestructura, pero que por desgracia no se habla (ni se sabe, ni se ve) hacia donde están siendo orientadas.
En virtud de la democracia (que decimos) que queremos construir, es condición necesaria que este tipo de procesos sea extremadamente más transparente, no solo por el hecho de identificar claramente los actos de corrupción, sino además porque los fondos del Estado Nacional destinados a inversiones públicas proviene en gran parte de los impuestos que pagamos directamente todos los habitantes, y de manera indirecta soportando el enorme costo social que tiene el modelo económico actual.
Hablando de falta de claridad y respeto hacia la población, no debe dejar de mencionarse las intromisiones por parte del Gobierno en el INDEC, organismo que hasta este momento se lo podía cuestionar por algún tipo de metodología utilizada, pero que ahora sencillamente pasó a ser no creíble por donde se lo mire.
Y claro, como va a ser creíble, si para el Presidente la inflación del año pasado “estuvo debajo de los dos dígitos” y la de los primeros cinco meses de 2007 lleva un acumulado de 3,4%, mientras que para Doña Rosa (como dice mi hermano) y para las encuestadoras privadas, el aumento en la canasta básica no es inferior al 15%.
Otra falta grave de respeto, credibilidad y abuso de poder de este Gobierno se dio en las elecciones pasadas a Jefe de Gobierno porteño. El Sr. Presidente, prácticamente como jefe de campaña de Filmus, realizó todo tipo de acusaciones hacia su adversario, no solo que algunas no fueron ciertas, sino que también sacó a luz varias cuestiones no conocidas por el común de la gente, principalmente aquellas referidas a la tan cuestionada “década del noventa”; la de las privatizaciones (que él tanto apoyó por clara conveniencia).
Sería interesante que como sociedad empecemos a cuestionar y criticar este tipo de “democracia dictatorial” en la cual estamos sumidos, simplemente por el hecho de que somos nosotros mismos los únicos perjudicados.
Hay cuestiones con las cuales nuestros gobernantes no deberían jugar, ya que involucran a personas, a vidas humanas, y generalmente son ellos los que tienen la facultad de modificar las cosas, ya sea por acción u omisión, pero los grandes cambios vienen desde arriba, de las grandes decisiones, de las reuniones del poder.

sábado, 23 de junio de 2007

Causas vs. Consecuencias

Aunque soy un convencido de que los problemas deben abordarse teniendo en cuenta las causas que los originan, tengo por esta vez, que darme por vencido y hablar sobre las consecuencias, no porque no haya causas, claro que siempre las hay, sino porque las mismas (causas=base=estructura) están hechas añicos y parece que los responsables de fortalecerlas no han podido hacerles un lugar en su agenda.
Entonces, si las “causas” son débiles, vulnerables y carecen de cimientos estables, las “consecuencias” (léase, problemas), son fuertes.
Sino como se explica que, de acuerdo al último informe del INDEC, la economía Argentina creció un 8,1% respecto del mismo mes del año anterior y el valor de las exportaciones también aumentó, marcando un nuevo récord, pero el saldo interanual de la balanza comercial fue un 7,6% menor? Claro, aumentaron significativamente también las importaciones.
La pregunta es, ¿Nos tendría que estar sucediendo esto? Mi respuesta es, NO.
Con un tipo de cambio (artificialmente) alto como el argentino, que correctamente está favoreciendo nuestras exportaciones, y que bien esta(ba) conteniendo a las importaciones; pero parece que ya no más.
Por qué? Una vez más, la respuesta está en las “causas”, pero me limitaré por ahora a nombrar algunas consecuencias más y que están de moda.
En el artículo anterior comenté que algunos sectores industriales estaban considerando seriamente, porque sus números se lo indicaban de esa manera, comenzar a importar determinadas materias primas o bienes para hacer frente a la demanda interna creciente, que producirlos en sus propias fábricas. Claramente, el motivo: los altos costos industriales, comenzando por la energía y los salarios por convenio y no por productividad.
Sinceramente, no soy un especialista en el tema energético, y como muchos otros argentinos, me pregunto si realmente está escaseando el gas y si la disponibilidad de energía eléctrica no es suficiente para todos los sectores de la población, y no porque queremos importar de Venezuela y Bolivia, y en caso de ser así, que es lo que lo origina.
Una vez más, las contradicciones del modelo actual se hacen presentes, y no es una crítica por crítica misma, sino porque creo que el rumbo económico y social hasta hace un par de años era el correcto, simplemente por la existencia de un plan y un objetivo de mediano plazo, pero parece que se dejó de lado y las consecuencias comienzan a emerger.
Por un lado, hablan de un modelo productivo basado en la competitividad, el fomento de las exportaciones, la protección de la industria nacional y del consumo interno, pero por otro, las principales industrias del país tienen que suspender su cadena de producción, apagando máquinas, suspendiendo turnos y horas extras de sus obreros, que afecta directamente en sus bolsillos y las estaciones de servicio reciben ordenes de cesar con el abastecimiento de combustible. Además, paran los trabajadores del subte, de colectivos, recolectores de residuos, empleados de aeroparque, del casino flotante, los maestros en varias provincias argentinas, y no se cuanto conflicto gremial más. Algo no está marchando tan bien, y nuevamente, para encontrar la respuesta, debo remitirme a las bases.
El tema energía, de acuerdo a los entendidos, no es un problema actual, sino que viene de más de 15 años atrás, debido principalmente, a la falta de inversiones en infraestructura en el transporte de la misma, en la explotación y exploración de nuevos pozos, etc., etc.
En su momento se me ocurre que las autoridades deben haber sido criticadas por esas cuestiones, pero ahora también hay que encontrar responsables, ya que el Presidente, el Ministro de Planificación y el Secretario de Energía, son los mismos desde hace cuatro años.
Los conflictos laborales están asociados principalmente a dos cuestiones: la precariedad de algunos trabajos, y el poder sindical. Claramente, la cuestión de raíz, de base, estructura, aquí, es la educación. Por otro lado, no debe olvidarse que los sindicatos velan, a través de los trabajadores, en favor de sus propios intereses económicos y de poder, y que “de paso” atienden los reclamos que les realizan sus “socios” de incrementos salariales, ya que los sueldos no alcanzan debido a que los precios de la canasta básica continúan aumentando, debido en parte al modelo instaurado, a la poca efectividad de las medidas tomadas para frenar la inflación y a que cada sector particular quiere sacar el mayor provecho (o rentabilidad) posible ya que piensa que los demás están haciendo lo mismo, y así la cadena continúa.
Todos estos problemas, la energía, los magros puestos de trabajo, bajos salarios, elevada inflación, educación, que casi el 50% de la población todavía se encuentre debajo de la línea de la pobreza, que el decíl de más ricos gane 29 veces más que el decíl de más pobres, que los exportadores estén ganando fortunas, y que el Estado, gracias a las retenciones, también esté llenando sus arcas de dinero, y que aparentemente no lo está redistribuyendo, o al menos de manera equitativa, es producto de la falta de una visión de mediano o largo plazo, producto de un desorden interno, de la falta de estrategias y objetivos, y encima, es años de elecciones.
Paremos la pelota, levantemos la cabeza y reflexionemos acerca de que país queremos para un futuro; uno que sin estructuras se desplome cada diez años, o uno que cueste cien años construir pero que se sostenga y mantenga firme en el tiempo.



jueves, 14 de junio de 2007

Preocupación empresaria

Hace algunas semanas atrás tuvo lugar un ciclo de conferencias organizado por la Asociación Empresaria Argentina (AEA), en donde los principales oradores fueron el economista norteamericano y Premio Nóbel, Joseph Stiglitz, el ex Presidente del Banco Central, Mario Blejer, y un ex Director Ejecutivo del FMI, Ricardo Arriazu.
Los temas principales fueron dos: la Argentina, el largo plazo y su inserción en el mundo, y el rol que debería cumplir el empresariado local e internacional en las cuestiones sociales.
Aunque esta nota pretende explayarse sobre esta última cuestión, claramente hay una estrecha relación entre estos dos temas.
En primer lugar, que a los empresarios argentinos los desvele y preocupe las cuestiones relacionadas con el largo plazo, es una buena señal. Pero que estén planteándose la manera de comprometerse con los aspectos sociales, es mejor aún.
Respecto de la primera cuestión, hubo opiniones encontradas entre Blejer, optimista sobre el futuro de la actual situación económica interna e internacional, y Arriazu, que sostiene que las favorables condiciones externas podrían deteriorarse en el corto o mediano plazo debido a los ajustes que tendría que realizar Estados Unidos para reacomodarse y eso se trasladaría a la economía mundial.
Por otro lado, que los empresarios se planteen el destino de la Argentina a largo plazo, obedece a una sola cuestión: la incertidumbre, tanto interna como externa.
La externa escapa a su esfera de acción directa, solo hay que prestar atención y predecir lo más correctamente posible los cambios que puedan avecinarse; la interna solo será mejor amortiguada si los principales actores de la economía se muestran dispuestos a dialogar coherentemente, marcando necesidades y estableciendo prioridades.
En este sentido, la promoción de inversiones locales e internacionales es fundamental para desarrollar y fortalecer las estructuras productivas nacionales, y para ello, una de las condiciones más importantes es la seguridad jurídica, es decir, el respeto de los contratos, práctica inusual últimamente en algunos países latinoamericanos.
Retomando el tema de la responsabilidad empresaria, es innegable que buena parte de ellos ha sido, y sigue siendo, cuestionada por diversos sectores. Principalmente me refiero a aquellos privados y privados-públicos que están más ligados al poder político, destinatarios de las grandes concesiones y licitaciones, de cifras millonarias, de pautas, y cumplimiento de pautas, dudosas, y que en definitiva son los que tienen el poder de negociación con el Gobierno de turno y sindicatos.
Aunque, a priori, y sin generalizar, puede extenderse esta crítica a aquellos pequeños y medianos empresarios que en el colapso de diciembre de 2001, racionalmente, disminuyeron su planta de personal o los salarios de los mismos, y a más de cinco años, y en franca recuperación, todavía no han indexado los sueldos pagados.
De todos modos, esta cuestión es extremadamente más profunda y no se limita solo a la cuestión salarial; por ello la importancia del planteo actual de los empresarios en torno al papel que pueden desempeñar, no solo en su influencia sobre la economía, sino también sobre las condiciones de los trabajadores y la sociedad en general.
En este sentido, son tres los actores principales que deben articular sus fuerzas: el Gobierno, los sindicatos y los empresarios.
Estos últimos, son los empleadores, los dueños del capital físico, los que perciben las ganancias pero que también asumen los riesgos en sus decisiones de producción e inversión. Los sindicatos, que lejos están de cumplir su función principal de proteger los intereses de todos los trabajadores mediando en conflictos laborales, luchan por aumentos nominales de salarios, muy dispares, dependiendo el poder de cada sector, que claramente benefician más a ellos que a nadie, mientras que el tercer actor, o sea, el Gobierno, que debería desempeñar una función de coordinación entre ambos, lleva adelante una política económica cortoplacista que licua progresivamente esa suba lograda por los sindicatos, debido a la inflación, para la cual no ha implementado medidas efectivas, sino frágiles controles de precios (ojo, que no se piense que no existen medidas efectivas, solo que el Gobierno no las utiliza porque no sería consistente con este otro modelo de acumulación para unos pocos; si... igual que en la década pasada, y que tanto se empeña en criticar). Esto señala la falta de coordinación y los fuertes intereses particulares que están en juego.
Sería muy necio culpar solo a alguno de estos actores por la precariedad de muchas de las condiciones actuales de los puestos de trabajo, que de acuerdo al último informe del INDEC, el 41,6% de los trabajadores asalariados en relación de dependencia está en negro, es decir, está fuera de todos los beneficios de la seguridad social, obra social, vacaciones pagas, aguinaldo, etc.; la responsabilidad es compartida, incluso hasta por los propios trabajadores.
En torno a esta cuestión, el tema principal que han puesto sobre la mesa los empresarios y el Gobierno, es el acertado, cosa que no ha pasado, y que yo recuerde, nunca, por parte de los sindicatos, y es: la educación. Para la toma de decisiones, no hay que tener en cuenta principalmente las consecuencias, sino las causas que originan el problema.
La educación es uno de los pilares fundamentales de toda sociedad, y que lamentablemente en la nuestra está demasiado devaluada, y este el momento para tratar de recomponer tal situación que no solo es un problema para el presente sino también, con mayor intensidad, lo será para el futuro. Argentina debe lograr que su crecimiento sea sostenido en el tiempo, y en las circunstancias actuales, solo se logra con mayor inversión en capital físico y humano. Físico, para que las empresas puedan hacer frente a una demanda interna y externa creciente, pero mediante la producción local, no a través de importaciones; y humano, para que los trabajadores se adapten a los cambios permanentes en la ciencia y tecnología, es decir, aumenten progresivamente su productividad, y por supuesto, es más que necesario avanzar en el desarrollo de un sistema educativo con bases y estructuras sólidas, capaces de regenerar la situación de millones de personas sumidas en la falta de educación, y por ende, excluidas del dinamismo de este sistema.
El grupo de los ocho países más poderosos de planeta (G8) plantea en sus reuniones que tiene como objetivo fundamental disminuir el hambre y la pobreza en países como África, pero no hay acciones concretas, es decir, “a las palabras se las lleva el viento”. Solo espero que a los empresarios de Argentina, que están disfrutando de un período de bonanza, en parte gracias a su capacidad empresaria pero también a que el resto de los argentinos estamos financiando este modelo, tengan la capacidad de reflexionar que el largo plazo no solo es económico, sino que también es social.

martes, 5 de junio de 2007

Algunas implicancias

Ya conocidos los resultados de las elecciones que tuvieron lugar en la Ciudad de Buenos Aires, con una amplia victoria del candidato del Pro, Mauricio Macri, es momento de reflexionar respecto del alcance y consecuencias que puede tener dicho resultado sobre los habitantes de Capital Federal y sobre el resto de los argentinos.
En primer lugar, hago extensible el análisis, no limitándome únicamente a las consecuencias sobre la Ciudad de Buenos Aires, debido al peso relativo que tiene la Capital a la hora de las elecciones nacionales, siendo uno de los cuatro distritos más importantes.
En segundo lugar, plantearé brevemente los dos escenarios finales posibles, es decir, Macri o Filmus en el cargo de Jefe de Gobierno.
De todos modos, considero que independientemente sea uno u otro el resultado final de estas elecciones, los principales afectados serán los habitantes de Capital Federal, aunque también es cierto que una gran parte de los argentinos estuvieron en vela y ansiosos por conocer qué candidatos irían al ballottage, quizás sin preguntarse si ello podría afectarles en sus vidas cotidianas o no, es decir, ¿influiría en un asalariado del interior del país que gane Macri o Filmus en su lucha por evitar que la inflación licue su salario? Particularmente considero que no.
Ahora bien, ¿influiría esta misma cuestión sobre los habitantes de Capital Federal? Particularmente creo que tampoco.
Con esto quiero remarcar una primera diferencia: las cuestiones “locales” de las “nacionales”. El paro de subtes es una cuestión local; la lucha contra la inflación es nacional, sin descartar por ello una posible relación entre las mismas.
Respecto de las cuestiones “locales”, ambos candidatos, al menos en sus palabras, son ideológicamente opuestos, asociados, según sus propias acusaciones, a diferentes procesos políticos y económicos de la Argentina.
A la vista están los grandes y principales problemas que tiene la Ciudad de Buenos Aires, para los cuales ambos candidatos tienen posibles soluciones, que en definitiva, lo único que varía es la forma de llegar a ellas, tema no menor.
En términos muy breves, si resulta electo Jefe de Gobierno el Ing. Macri, de acuerdo a su discurso, pondrá principal énfasis en la inclusión social. En principio, esto podría considerarse una falta de respeto, dado que unos de los sectores más cuestionados por su falta de compromiso con los aspectos sociales (al menos hasta hace algún tiempo, ya escribiré sobre este tema) es el empresariado local y multinacional, y Macri, pertenece al menos, a uno los dos. Pero supongamos que su plataforma sea cierta, entonces la cuestión estriba en saber cuál será el camino o qué fortalezas posee para llevar adelante sus propuestas. En este sentido, su experiencia como empresario y Presidente de Boca Juniors, le dan una gran capacidad de gestión, al menos, en el sector privado, que le permitiría, según sus palabras, administrar mejor el presupuesto y hacer que los impuestos pagados vuelvan a los contribuyentes en distintas formas. El tema aquí es que la jefatura de Gobierno pertenece al sector público que, por definición y práctica, maneja una mayor cantidad de recursos, es más ineficiente en la asignación de los mismos, y es responsable directo de la situación del pueblo, que es muy diferente a darle una alegría todos los domingos a “la mitad más uno” de los simpatizantes futboleros. ¿Será capaz Macri de conducir la Ciudad eficientemente y equitativamente? La pregunta queda planteada, y solo podrá develarse en el caso de su triunfo.
Por su parte, el candidato oficialista, Daniel Filmus, también ha coincidido en el diagnóstico de los principales problemas de la Capital, tales como mejorar la educación, la salud, la seguridad y el transporte, entre otros.
En este caso, la fortaleza para llevar a cabo lo prometido, viene dada por la estructura actual del Gobierno nacional que cumple la función de brújula y timón de su candidato.
A diferencia del escenario anterior, aquí no es necesario dejar planteada ninguna incógnita de gestión, ya que si Filmus gana las elecciones, el estilo de las políticas adoptadas será el mismo estilo que las nacionales. La pregunta aquí es, ¿hasta dónde esto es deseable?
Por otro lado, estas elecciones porteñas, permiten ir planteando y pensando las próximas elecciones: las presidenciales, que tendrán lugar en octubre próximo. Las piezas ya están el tablero y es necesario comenzar a moverlas, intentar nuevas alianzas y mostrar posibles candidatos.
Un gran acierto fue el del Gobierno nacional, considerando, por supuesto, la impresionante utilización del aparato estatal, en continuar impulsando la candidatura de Filmus, y que logró ubicarlo en la segunda vuelta electoral, cosa que parecía imposible.
En principio, esta situación le está dando margen para presentar a Cristina Fernández en “sociedad” (perdón, puede que Cristina sea nuestra futura Presidente, ¿alguien sabe como piensa o que políticas a corto y largo plazo tiene pensadas para el país?).
Segundo, el Gobierno está mostrando también a Daniel Scioli, futuro candidato a Gobernador de la Provincia de Buenos Aires.
La cuestión a plantear ahora es que pasaría si en el ballottage, Macri, logra sacar una diferencia abismal sobre Filmus. Los planes del Gobierno tendrían, en ese caso, que revisarse, y es por ello, que están tomando las cosas con calma, porque internamente saben que es más que posible una derrota.
Una victoria del Pro, opositor “ideológico” del actual Gobierno, podría acercar a otro opositor, Roberto Lavagna, que intenta, cada vez más, diferenciarse de la actual política económica llevada adelante por Kirchner, y en dónde se considera, en buena ley, uno de los responsables de la recuperación económica argentina.
Además, no debe olvidarse que hay más férreos opositores al Gobierno y aliados a Macri, como Ricardo López Murphy y Jorge Sóbisch, que extrañamente no fue derrotado en su provincia, y que quieren sumarse a esta cruzada en pos de constituir una fuerza que sea capaz de enfrentar a la estructura de poder kirchnerista.