sábado, 23 de junio de 2007

Causas vs. Consecuencias

Aunque soy un convencido de que los problemas deben abordarse teniendo en cuenta las causas que los originan, tengo por esta vez, que darme por vencido y hablar sobre las consecuencias, no porque no haya causas, claro que siempre las hay, sino porque las mismas (causas=base=estructura) están hechas añicos y parece que los responsables de fortalecerlas no han podido hacerles un lugar en su agenda.
Entonces, si las “causas” son débiles, vulnerables y carecen de cimientos estables, las “consecuencias” (léase, problemas), son fuertes.
Sino como se explica que, de acuerdo al último informe del INDEC, la economía Argentina creció un 8,1% respecto del mismo mes del año anterior y el valor de las exportaciones también aumentó, marcando un nuevo récord, pero el saldo interanual de la balanza comercial fue un 7,6% menor? Claro, aumentaron significativamente también las importaciones.
La pregunta es, ¿Nos tendría que estar sucediendo esto? Mi respuesta es, NO.
Con un tipo de cambio (artificialmente) alto como el argentino, que correctamente está favoreciendo nuestras exportaciones, y que bien esta(ba) conteniendo a las importaciones; pero parece que ya no más.
Por qué? Una vez más, la respuesta está en las “causas”, pero me limitaré por ahora a nombrar algunas consecuencias más y que están de moda.
En el artículo anterior comenté que algunos sectores industriales estaban considerando seriamente, porque sus números se lo indicaban de esa manera, comenzar a importar determinadas materias primas o bienes para hacer frente a la demanda interna creciente, que producirlos en sus propias fábricas. Claramente, el motivo: los altos costos industriales, comenzando por la energía y los salarios por convenio y no por productividad.
Sinceramente, no soy un especialista en el tema energético, y como muchos otros argentinos, me pregunto si realmente está escaseando el gas y si la disponibilidad de energía eléctrica no es suficiente para todos los sectores de la población, y no porque queremos importar de Venezuela y Bolivia, y en caso de ser así, que es lo que lo origina.
Una vez más, las contradicciones del modelo actual se hacen presentes, y no es una crítica por crítica misma, sino porque creo que el rumbo económico y social hasta hace un par de años era el correcto, simplemente por la existencia de un plan y un objetivo de mediano plazo, pero parece que se dejó de lado y las consecuencias comienzan a emerger.
Por un lado, hablan de un modelo productivo basado en la competitividad, el fomento de las exportaciones, la protección de la industria nacional y del consumo interno, pero por otro, las principales industrias del país tienen que suspender su cadena de producción, apagando máquinas, suspendiendo turnos y horas extras de sus obreros, que afecta directamente en sus bolsillos y las estaciones de servicio reciben ordenes de cesar con el abastecimiento de combustible. Además, paran los trabajadores del subte, de colectivos, recolectores de residuos, empleados de aeroparque, del casino flotante, los maestros en varias provincias argentinas, y no se cuanto conflicto gremial más. Algo no está marchando tan bien, y nuevamente, para encontrar la respuesta, debo remitirme a las bases.
El tema energía, de acuerdo a los entendidos, no es un problema actual, sino que viene de más de 15 años atrás, debido principalmente, a la falta de inversiones en infraestructura en el transporte de la misma, en la explotación y exploración de nuevos pozos, etc., etc.
En su momento se me ocurre que las autoridades deben haber sido criticadas por esas cuestiones, pero ahora también hay que encontrar responsables, ya que el Presidente, el Ministro de Planificación y el Secretario de Energía, son los mismos desde hace cuatro años.
Los conflictos laborales están asociados principalmente a dos cuestiones: la precariedad de algunos trabajos, y el poder sindical. Claramente, la cuestión de raíz, de base, estructura, aquí, es la educación. Por otro lado, no debe olvidarse que los sindicatos velan, a través de los trabajadores, en favor de sus propios intereses económicos y de poder, y que “de paso” atienden los reclamos que les realizan sus “socios” de incrementos salariales, ya que los sueldos no alcanzan debido a que los precios de la canasta básica continúan aumentando, debido en parte al modelo instaurado, a la poca efectividad de las medidas tomadas para frenar la inflación y a que cada sector particular quiere sacar el mayor provecho (o rentabilidad) posible ya que piensa que los demás están haciendo lo mismo, y así la cadena continúa.
Todos estos problemas, la energía, los magros puestos de trabajo, bajos salarios, elevada inflación, educación, que casi el 50% de la población todavía se encuentre debajo de la línea de la pobreza, que el decíl de más ricos gane 29 veces más que el decíl de más pobres, que los exportadores estén ganando fortunas, y que el Estado, gracias a las retenciones, también esté llenando sus arcas de dinero, y que aparentemente no lo está redistribuyendo, o al menos de manera equitativa, es producto de la falta de una visión de mediano o largo plazo, producto de un desorden interno, de la falta de estrategias y objetivos, y encima, es años de elecciones.
Paremos la pelota, levantemos la cabeza y reflexionemos acerca de que país queremos para un futuro; uno que sin estructuras se desplome cada diez años, o uno que cueste cien años construir pero que se sostenga y mantenga firme en el tiempo.



1 comentario:

Malguzt dijo...

Pues yo prefiero el que cueste cien años construir.
En cuanto a tu visión de señalar las causas y no las consecuencias, me parece muy acertado ese método, el problema esta en que el "pueblo" solo mira hasta donde su vereda llega, es decir si no lo "toca" a él no le importa. Pero lo que no se dan cuenta es que los problemas que le aquejan no empiezan en su jefe, que es un tacaño, sino que empiezan mucho mas arriba y al costado (horizontalmente) y mucho mas atrás en el tiempo.