La inseguridad es un problema de todos. En los últimos días se han producido hechos escalofriantes en el país. Desde la desaparición de la niña de Río Grande hasta el asesinato del empresario en la localidad bonaerense de Pilar. Estos sucesos irrumpieron en la opinión pública nuevamente debido a la masividad de la información en los medios de comunicación y se instaló como tema central de la agenda el de la inseguridad en Argentina.
¿Es necesario que ocurran estos aberrantes hechos para nos volvamos a preocupar por la inseguridad?
¿Es prudente plantear que se baje la edad de imputabilidad de los menores para disminuir la cantidad de delitos?
Quizá no sea la mejor solución, sí se puede tomar como un remiendo para esta situación dramática que atraviesa la sociedad en su conjunto. Estamos mal acostumbrados en este país, nunca en la historia se tomó en toro por las astas, solo se actúa en consecuencia de lo que viene ocurriendo.
El hecho que varios funcionarios públicos hayan acompañado y participado en marchas de protesta contra la inseguridad significa que un grado de preocupación existe en el aparato político para contrarrestar esta problemática, ello no significa que sea genuino.
La delincuencia es una patología de las sociedades desde tiempos remotos, y nuestro país no fue ajeno a ello, ya que desde siempre existió una desigualdad en la distribución de la riqueza que ha generado grupos marginales, que de acuerdo a cada etapa de la historia ha variado en número y protagonismo.
El mayor problema de esta época es el nivel de violencia y locura que existe al momento de delinquir, quizá este dado por la magnificación de los hechos en los medios de comunicación, el acceso a las drogas desde edades más tempranas o, lo más preocupante, la franca disminución del valor de la vida, propia y ajena, lo que lleva a los protagonistas a un nivel mínimo de razonamiento en situaciones límites de estas características.
Será menester tomar conciencia de que el problema es serio, como así también es necesario desarrollar un programa de seguridad integral, donde las fuerzas de seguridad actúen conjuntamente alejadas de abatares políticos. Es un error (horror) monumental aprovechar la difícil coyuntura para mostrar una buena imagen a la sociedad, es decir, es imperdonable sacar provecho políticamente de ésta situación, donde está en juego la vida de cada uno de los integrantes de la sociedad.
Que no quede en intenciones, Blumberg.
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